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Qué miras nene, con tanta templanza, parece que recuerda a algo, ¿quizá las piernas de su madre?
Algo lo inquieta.
El mundo que lo espera, el ruido, la gente, las ventas.
Sí, a mí también me gustaría esconderme bajo la mesa, y no salir más.
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La vez pasada, mientras comía hígado.
Me pareció algo ridículamente gracioso, obtener un momento de reflexión a través de un trozo de carne, pero ese pedazo ahí cocinado, tuvo vida como yo, respiró como yo, una buena sazón, no saber hablar o “comunicarse con los humanos” le valió la pena de muerte de acabar en un plato.
Seguí masticando y pensando en aquel cadaver, en lo que fue en vida.
En fin.
Lo que después me voló un poco la cabeza fue el hecho de ver al perro rogando un poco del miserable amigo que estaba ahí muerto, y lo miro y digo, es como vos, no lo entendían tampoco y lo mandaron al asador, es un órgano ¡COMPRENDES!
Después me di cuenta de que yo era la boluda, perdiendo el tiempo con un trozo de bife de hígado encebollado, un perro, un cadáver, y una muerta en vida.
Es gracioso.
El piso del baño se convirtió en un pañuelo.
A él, los días todos.
(Inspirado de una de las dedicatorias de José Saramago, en su Libro: “Ensayo sobre la lucidez”.
¿Dónde quedaste, niño diamante?
Creí que la costumbre de encerrarme para sacar mis entrañas a través de los ojos,
buscando la cercanía de la soledad más próxima, un baño quizá,
había acabado, terminado.
Creí que ninguna persona por la que sintiera amor me alzaria la voz y
me haría daño
físico y psicológico.
Dije: nunca más.
¿Pero puedo cegarme tanto
y creer que alguien sin cura puede cambiar?
¿Por alguien cómo yo?
Toda una noche sintiendome un objeto, un objeto funcional a tus gustos, a tu dureza.
Ahogue en silencio y sofoque todo el amor que dolía y brotaba como sangre, escapandose de mi en recuerdos, en expectativas.
Él,
sabe de mí.
sabe quien soy.
sabe lo que siento.
Se lo dije a los directo a los ojos, como mi cómplice, como mi amante, como la persona a quien quería con la mente fuerte y el ser libre, a la que quería a mi lado, juntos, pero no atados.
Perdido.
Otro más.
Otra tristeza.
Otro ahogamiento en fatalidad.
Que te vaya bien,
y suerte es lo que suelen decir.
Yo, desde lo más profundo y sincero, que nace de mí: la mierda es tu lugar.
Mi verdad no te importó, solo actuaste conforme a tu poder sobre mí.
¿Querías ver hasta dónde podías llegar?
Hablaste del “respeto” hacia mí,
donde quedó detrás de cada empujón, de cada maltrato, de cada forcejeada.
¿Dónde quedó la persona que aún quiero?
¿Dónde quedó el niño caprichoso que al sonreír me recordaba a un diamante?
Se fue con sus palabras, con sus gestos.
Le dio la razón a toda las personas que a mis oídos susurraban: “no sirve”, “es mala persona”, “solo nació para hacer daño y hablar mal de los demás”.
Pero algo de valor te ví, y cualquier otra opinión fue un paso a la izquierda, un absurdo, una negación.
Ya comprendí, tarde, el niño se ha ido. Soltó mi mano, ahora solo lo recuerdo en mi mente.
Lloro un rato a solas, al saber que ahora solo vive en una parte de mía.
El hombre no sonríe, él hace daño.
Te despedazo,
como ya lo pronosticaban,
lo que tanto negabas.


Con ella tengo una relación a lo lejos. Juntas somos un conflicto y un caldo de nervios.
Problemas de comunicación, la brecha de edad, los idealismos, son un gran problema.
Es una mujer fuerte, libre, rebelde desde su juventud y en la plenitud de su edad, dedicada a su hijo y nieta.
Y acá unas postales que atesoro de ella, su paz, su tranquilidad, y su mimada.
¿Cuál es el precio de la sinceridad, por eso nadie quiere invertir en ella?.
Diez litros de vino en caja.
Una baratija de esas embriagantes,
que te evaden lo amargo de la vida,
hacen pasar las horas,
hacen pasar los minutos,
hacen pasar vueltas, vueltas
y vueltas, siluetas, calidez…
Algo irresuelto,
tornados en todas partes,
amor en cualquier rincón.
Se goza la uva,
se desinhibe la moralista vida.
Oh, Baco
Oh, espíritu Dionisiaco,
aparecen siempre en el mejor momento, o en el peor.
Tornandolo en todo mejor a peor.
Tropiezo a sus pies inexistentes.
Me quedo dormida agriamente.
Fin.
Va cayendo el sol.
Veo tus prendas que cayeron
cierta vez sobre mis sábanas.
Veo la caída de tu melena sobre tus espaldas.
Viste mis caídas, y me recogiste,
¿por qué?.
Cayó el sol, cayó el amor,
callamos todo
y lo ocultamos ahora bajo aquellas mismas sábanas.
Cayeron lágrimas sobre tus rosadas y carnozas mejillas,
cayeron mis manos rechazadas a tu antojo para no tocarte,
te deje caer.
Caí.
Jueves 06 18. Ñemby 18:19
Esta agenda no es mía, es suya. Él no es mío, soy suya. Me cansa el estorbo de mis propias ideas y su peso en mis acciones. Siempre suya, de todos y todas, coman y beban de mí, me entregué al “hombre” desde que nací. Con hambre de que salga como quiero termino en el juego con un disfrute que simula una enfermedad terminal. Tarro de verle el lado bueno a lo que me queda de “mí” vida. Porque siempre fui suya. Nunca puedo ser mía.
-Florencia Coronel

